El verano parece reservado en lo gastronómico para las propuestas ligeras, las presentaciones desenfadadas e incluso los experimentos atrevidos. Y sin embargo, esta ha sido la época elegida para abrir este nuevo restaurante que apuesta por todo lo contrario: la tradición y la recuperación de los sabores de siempre. Abierto hace menos de dos meses, Rocacho ha conseguido ya hacerse eco, cimentando su arriesgada –aunque suene a lo contrario– apuesta en el producto de temporada de altísima calidad y en su trato esmerado. Los ejes de su propuesta no pueden ser más previsibles y a la vez más sólidos: la brasa y la leña moldean en su cocina carnes procedentes de El Capricho (León), pescados de las mejores lonjas y excelentes arroces. En su carta, no demasiado profusa pero ajustada, tras entrantes como la tortilla de cecina y queso de cabra o los buñuelos de bacalao, brillan con luz propia los cortes de vaca con 40 o 90 días de maduración o pescados como el pitxín y el rodaballo salvaje a la brasa. Mención especial merecen los arroces, como la paella que adoban este último pez y unos ajos tiernos o la de cigalas y alcachofas. Y para garantizar un dulce final, dejen sitio para la tarta tatín de higos con helado de vainilla y ron.