El chef y horticultor navarro que hace unos años hacía historia instalando en las alturas del Wellington de Madrid lo que acabaría considerándose la huerta urbana más grande del mundo en la azotea de un hotel, ha dado un paso adelante en su arte y dedicación por las verduras con un restaurante en el que la comida tradicional se fusiona con la máxima calidad de su propia huerta tudelana. Su nuevo templo de las verduras, abierto hace apenas un mes en la calle Fernández de la Hoz, esquina con José Abascal, es una casa de comidas con una terraza que representa de manera perfecta la forma de trabajar de Domezain, llena de luz y vida, y una carta en la que ha colaborado también su mujer, Mercedes Lázaro.
En Abascal las materias primas de calidad vuelven a ser el gran reclamo. Hay que probar el tomate antiguo de Tudela con aceite de arbequina ecológico, la menestra de seis verduras de temporada rematadas por Floren, los pimientos de cristal con ventresca de Guetaria, y dejar hueco para la merluza de anzuelo a la plancha con verduritas y la pluma ibérica de bellota a la leña con pimientos de piquillo asados al sarmiento. Porque aunque la verdura sea la protagonista, también hay sitio para carnes y pescados de primera.